Para traer la pedagogía pikleriana a la escuela e integrar aspectos tan esenciales en el día a día de bebés, niños y niñas como son el movimiento libre, el juego autónomo y los cuidados de calidad, es necesario repensar el aula.

Como os podéis imaginar es importante valorar las posibilidades de cada espacio y de cada proyecto educativo de forma particular, pero os voy a dar unos tips que os ayudarán en un inicio. No hace falta obras ni grandes inversiones, tampoco se pude normalmente implementar todo a la vez, vamos poco a poco, se trata de un cambio de mirada y de tomar conciencia de cómo definimos el espacio, profundizando en aquello que queremos ofrecer a los infantes:

  • El espacio está pensado para poder dar respuesta a la necesidad de actividad autónoma del infante y para poder ofrecer unos cuidados de calidad de forma que estos dos aspectos se complementen y se apoyen a favor del desarrollo y el bienestar del infante, así como para facilitar la tarea de la educadora.
  • No se separa el espacio para el movimiento y el espacio de juego, ya que juego y movimiento se dan en bebés, niños y niñas de forma integrada e indisoluble (actividad autónoma), por lo tanto materiales y mobiliario para el movimiento comparten espacio.
  • El espacio para la comida se separa del espacio para la actividad autónoma por una valla o un mueble bajo, lo que nos permite hacer turnos de comidas mientras el resto de infantes continua su actividad sin interferir lo uno en lo otro y sin perder presencia y observación.
  • Para el cambio de pañal y/o el cambio de ropa se dispone un espacio suficiente y diferenciado para que el infante pueda moverse y colocarse cómodo pero a su vez que defina unos límites físicos que actúen de contención y faciliten la atención en esta actividad concreta (ideal el cambiador Pikler y espacios tipo “vestidor” según el momento de desarrollo).
  • No hay rincones como tal ni hay mesas para actividades dirigidas (si quieren elevación pueden usar la tarima o podríamos poner un laberinto). Podemos diseñar una estantería enfocada al juego simbólico de cocinitas a través del material que disponemos, pero el no definir un rincón permite al infante un verdadero juego autónomo donde cada uno/a va a encontrar respuesta a sus intereses.
  • Los distintos materiales disponibles deben poder usarse de forma autónoma, mezclarse y trasladarse.
  • Hay espacios para el descanso de la actividad y/o del grupo, como las camas, cestas grandes o pequeños rincones donde “esconderse”. El adulto debe velar por que este descanso sea respetado por el resto del grupo (entendemos descanso también por ir a la cama a jugar solo).
  • No hay zonas blandas para el movimiento, ni toboganes dentro de aula (buscamos un movimiento controlado, consciente y atento), podemos añadir algún módulo suelto de psicomotricidad pero no montamos un espacio de “psicomotricidad vivencial” dentro del aula.
  • No hay un espacio específico en la zona de actividad autónoma para que el adulto se quede inactivo durante rato, trabajamos la relación íntima y privilegiada a través de los cuidados cotidianos (cambio de pañal, alimentación, vestir…) y cuando el adulto se toma en serio este punto poco rato queda para actividades dirigidas ni para quedarnos inactivos en un rincón del aula. Tampoco colocamos sofás dentro del aula para los adultos ni mobiliario que no sirva a la autonomía del infante.
  • Si nos planteamos propuestas que requieren una preparación específica de materiales y la supervisión del adulto, lo ideal sería tener una sala de usos múltiples o un taller para estos usos y en su defecto usar una valla movible o un mueble bajo para  diferenciar el espacio de forma puntual.

La mirada pikleriana se configura como una pedagogía capaz de mirar y observar al niño real (no el niño imaginado), de conocerlo y de atender a sus necesidades más esenciales desde una profunda confianza y una atención sensible y comprensiva a sus necesidades, el respeto a sus ritmo, un sostén asegurador y una forma de entender la autonomía desde donde va a poder desplegar sus potencias, para crecer de forma saludable, equilibrada y con alegría.

Text i fotografia: Romina Pérez Toldi, para AulaViva

Cómo llevar la mirada pikleriana al aula

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